I. MIGUEL
«El ser humano tiene un camino que recorrer –dijo Miguel sentado sobre una roca que le servía de apoyo cuando dialogábamos–, y a duras penas lo recorre.
El reconocimiento de los siete aspectos que lo forman es una parte de éste. La Integración de la dualidad es el siguiente paso. Y encontrar su santo Grial es beber de su Espíritu reintegrándolo en la materia donde temporalmente reside, reconociéndose así en su destierro... para ya nunca más volver.
–Parece sencillo así dicho; pero por experiencia sé que es un arduo camino.
–Arduo camino es el que recorréis en vuestra ignorancia, yendo y viniendo sin objetivos, en vidas muertas que carecen de sentido, entre populosos senderos que a ninguna parte van.
La certeza y rotundidad con la que expresaba situaciones seguía impresionándome sin que el paso del tiempo me hiciera acostumbrar. No existía un ápice de duda en su voz; no expresaba situaciones que pudieran ser o no; sino que compartía una Realidad con alguien que en ese momento podría entenderla… dejando libertad dentro de la comprensión que te narraba para que creyeras o no, sin que eso cuestionara la veracidad de lo dicho, que tu libre albedrío podía asumir... o negar.
–¿Debemos entonces nosotros… reintegrar nuestra dualidad? –pregunté.
–El camino no concluye hasta que no se Es en la materia, lo que hace que ya no se tenga necesidad de regresar.»
María me miró profundamente con sus ojos azules que tanto bien me hacían, y a los que tanto respeto tenía: por la densidad de su conocimiento que no residía en apariencia alguna, y que en ningún sitio la atención pretendía llamar; pero que se impregnaban en tu interior como agua que saciaba tu sed mientras te sentías envuelto en un sentimiento de profundo amor.
Bajamos la montaña despacio, pensativos.
En estos años nos habíamos vuelto silenciosos y habladores.
Silenciosos… como una forma de conocimiento que Escucha y al que evade el hablar.
Y habladores… como una forma de compartir realidades que sentías a tu alrededor y que te impelían a pronunciar desvelando su esencia.
Descendimos por la senda de la montaña tantas veces transitada y que tan bien creíamos conocer; hasta que un nuevo recodo volvía a sorprenderte con un incipiente aspecto, que todavía debías trascender.
«La Dualidad forma parte de todos y empieza por vuestra separación en un aspecto masculino, y otro femenino; en un aspecto receptivo y otro transgresor; una energía pasiva y fértil, y una activa y fecunda, que hace que la unión fructifique en Vida.
Ambas son necesarias; y separadas, que no divididas, están en la materia.
Ninguna debe dominar a la otra ni suplantarla, reconociendo cada una su aspecto que cierra el Círculo que deben formar, sin que nada de esto tenga que ver con roles mentales a los que os asociáis en la materia, y que se convierten en “juegos de poder” muy lejos de su función complementaria.
Pero integrar la dualidad en la Materia va más allá del sexo, y del hombre y la mujer. La dualidad reside en cada uno de vosotros y es, en última instancia, Luz u Oscuridad.
Os debatís entre el bien y el mal en una línea que trazáis en vuestro interior y que os mantiene en constante lucha con vosotros mismos; porque asociáis lo bueno a lo blando e insulso y lo malo a lo sabroso y posesivo, alineando adjetivos en este sentido a uno u otro creando una irrealidad que os atrapa en el absurdo.
La Maldad… es cualquier acto que va en contra del Ser, sea este acto cual fuere; el Bien es cualquier acto que beneficia al Ser que reside dentro de todos y cada uno de vosotros.
Pero la Acción Íntegra es la que trasciende ambos conceptos en el Acto necesario que Equilibra una situación haciendo que vuelva a llenarse de Luz... lo que ausente estaba de ella.
Reconocer estos Actos es una búsqueda interior en la que uno deja de ser bueno o malo; y pasa a convertirse en alguien vacío de sí mismo, de conceptos que le dicen sí o no, de condicionamientos que tergiversan la Realidad; y desde ahí, ejecuta acciones que penetran en la esencia de cada situación armonizándola y reordenándola, haciendo que vuelva a brillar.
Cuando la acción es correcta, todos los implicados reciben su recompensa más allá de lo que parezca ser. Así, el que con mal actuaba será parado y descubierto; el que se escondía será puesto delante; el soberbio recibirá de sopetón la humildad que corrija su creciente ego y el que bien hacía sentirá plenitud en su interior… y, a pesar de que a veces externamente poco parezca haber cambiado, cada uno dormirá esa noche con la lección palpitando en su ser, sin que pueda dejar de Escuchar.
Todo ello por encima de lo que externamente parezca ser. Por encima de “el pobre que parecía no merecérselo” y del que “nada había hecho y mira lo que vivió”.
La Luz conoce lo que la Materia niega… y la cala indeleblemente por encima de sus lloros, quejas o sinrazones.»
Recordábamos aquellas palabras y las sentíamos ahora con fuerza. ¿Estaríamos comenzando a transitar el camino de nuestra dualidad?
Y como en otras ocasiones, la duda de cómo asir los nacientes caminos nos dejaba desamparados, en un estado de incertidumbre en el que no sabías si moverte o pausar; y con la pregunta de por dónde empezar palpitando en tu interior.